miércoles, 30 de abril de 2014

Sobre quererse siempre

Algunos viajes son así. El vacío nos remarca la ausencia de aquello que nos falta. Porque ya lo hemos dicho, lo que llega a los centros no hay quien lo arranque. Y a no ser que lo que sintamos sea un simple (que no quita lo complejo) romanticismo o impulso pasional, en ese sentido, al corazón no se le puede dar la vuelta sin traicionarlo. "Si amas algo déjalo libre. Si es tuyo volverá, si no nunca lo fue". Ojalá. Como quien vuelve de algún tipo de guerra mejor que nunca y confiado.

Lo elevaría a la categoría del mamut del Fürher



"Incluso toda la miseria del mundo puede ser recogida y mostrada con un sentido estético". 
(Angèle Etoundi, fotógrafa camerunense)


No veía una peli tan nazi desde La ola, valga doblemente el adjetivo. Además, la exhibición del documental de Hitler un rato antres de la masacre no creo que sea precisamente pura coincidencia. Después de todo, en la vida real, el hecho tuvo lugar el 20 de abril de 1999, que coincidía con el 110º aniversario del nacimiento del Fürher.

Cúanto daño a hecho ese cretino. Cuanto le repudio y cuanto me atrae, al mismo tiempo (porque no es algo incompatible, y ustedes ya saben, si algo me asombra tiene algo para mí). Del mismo modo en que la 2ª Guerra Mundial siempre me ha parecido un hecho tan espeluznante como atractivo. Siempre digo que es la guerra más entretenida de estudiar. Pero no se preocupen, que el mal no me atrae como seducción, sino como vértigo. En cuanto, a Adolf y su guerra, quería decir algo que la mayoría de la gente seguramente no sepa. Un amigo mío me dijo una vez mientras hablábamos del Evangelio que "donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia". Pues si se fijan bien, el s. XX acogió a personajes tan notorios como contrapuestos. Frente a los grandes dictadores, tenemos grandes liberadores. Y frente a Hitler, yo diría que tenemos a Gandhi. Y si estudiamos a cada uno psicológicamente, estoy prácticamente segura de que son tan contrapuestos como iguales. Diría que ambos tienen el mismo tipo de personalidad básico, cada uno llevado más o menos al extremo opuesto (aunque lo cierto es que según escribo esto estoy investigando un poco más sobre el tema y puede que me esté equivocando, es decir, o el resto está en error o yo los estoy confundiendo por similitudes, pero bueno, simplemente hablando del bien y del mal, prosigo). Esto es terrible a la vez que grandioso. Esto quiere decir que, como se comentaba en otra película inspirada a su modo en el nazismo más de lo que incluso a simple vista parece, que "no está en nuestras habilidades las que nos definen, sino nuestras elecciones".
(http://66.123.188.52/hpxx/Docs/Harry%20Potter%20and%20the%20rise%20of%20Nazism.pdf).

Tampoco veía una matanza del celuloide tan inquietante y aleatoria desde Agárrame esos fantasmas. O así me resultó cuando la vi con menos de 10 años, aunque creo que en el caso del film de Peter Jackson es más estúpida en término morales que incoherente para el espectador, en sentido subjetivo por lo que nos da a entender el personaje. Tampoco desestimaría la idea de que, como explica ese J. Fox de los 90 sobre su capacidad de ver fantasmas, tantos los chicos de Elephant  como los dictadores, como los buenos hombres de la pasada centuria (y de cualquiera) en sus vidas y su leitmotiv palpita esta idea: "A veces, cuando se sufre una experiencia traumática, es como si se alterara tu percepción". Y eso sirve para ver fantasmas, donde los hay y donde no. O para ver oportunidades, que las haya o no, otra cosa son.



martes, 29 de abril de 2014

La ilusión y memoria

El tío Boonmee se pregunta si no es todo una ilusión. Y la respuesta para todos nosotros en cualquiera de los casos debería ser 'sí'. La memoria nunca es una perfecta recreación del pasado. Por no hablar de las lagunas memorísticas donde a falta de información algunos rellenan con algo más imaginario que Nessy. Por suerte, para salvaguardar algunos recuerdos, alguien inventó el daguerrotipo (Daguerre, vaya). Y qué maravilla y qué arte (concretamente el séptimo) cuando llegó a nosotros el cine. Seguro que dejó temblando al mismo Houdini. Porque ya no se trataba de recrearse en la ilusión de la permanencia en el tiempo (y menos aún con los materiales combustibles de la época), sino en  la del movimiento y en la de circunstancias que realmente ni siquiera existen. Solo están ahí para nosotros, porque alguien ha querido hacerlo y otro lo ve porque le da la gana.Y eso, también es un tipo de magia. Y lo mejor, como pasa con la memoria: es una ilusión que a veces es ficción y otras realidad. Pero que no tiene por que ser mentira.


No sé donde está la casa y no sé si es de amigo, pero encontré un consejo

Dentro de la incoherencia del mundo de los adultos, diría que está frase está entre la excepción: "Hay razones muy importantes para escribir en un cuaderno. Sirve para tener disciplina". A muchos además les vendrá bien como excusa para sentirse cómodos y coherentes. Una vez le preguntaban a Borges "Por qué escribe usted?" Y él, sinceramente decía: "Porque no puedo no escribir, sin ese peculiar sentimiento de desventura que engendran la cobardía y la deslealtad". Pero ay, no nos pasemos con la disciplina. Solo tengamos un poco de cuidado, por si acaso, para no armar el jaleo que puede hacer alguien que intenta buscar algo en una cocina extraña.


Y no sé hasta que punto tiene que ver, pero es lo que se me viene a la cabeza: Sus errores de estos adultos me recordaban de algún modo a la película Camino. No es el morbo de la crítica hacia Opus Dei (que no me convence del todo, pero como no sé lo suficiente, cada cúal con sus percepciones y sus experiencias) ni el drama que se genera. Lo que me atrapa de esa película es la inocencia y el propio mundo interior de la niña, frente a la interpretación de los adultos dirigida por sus propios deseos y asociaciones.Toda esa pantomima que se han montado por que sí, y que no tiene que ver con lo que está ocurriendo en realidad. No deberíamos tomarnos todo tan en serio. De tanta formalidad lo único que vamos a conseguir es que esto parezca un circo. Al final (lo mismo ocurre en el siguiente vídeo) por pasarnos de correctos y de mejoralotodos, la líamos con nada.

https://www.youtube.com/watch?v=cqq2ajCwcIg

domingo, 27 de abril de 2014

Casi mejor una invasión que nada

Podría ser cualquiera. En cualquier momento. Podríamos ser nosotros (y acabar incluso como ellos, como los Nosotros de Asimov). La experiencia es objetiva. Y la Biblia bastante concreta en su explicación: Nadie está libre de pecado. El fracaso vive multiplicándose a la vuelta de la esquina. No obstante, como decía Samuel Beckett: "Ever tried, ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better".

Por que es mejor eso que quedarse bajo las mantas (mirad sino cuando te duermes un poco lo que pasa). Mejor que nos roben los cuerpos a que no ocurra nada. Mejor morir de amor que de tedio. Mejor un corazón roto que llevar siempre una coraza. Benjamín Prado lo sabe, y nos lo resume en sus aforismos, en sus cápsulas de sabiduría: "Te equivocas al creer que si no juegas no tienes nada que perder". O como decía un amigo mío, hasta la lotería, que es la forma más clara de puro azar sistematizado, te exige comprar un boleto para poder optar al premio.

De la pantomimas pasando por la charada


"I hear it still, I always will, best on the bill... Charade".

Así comienza todo. Como un juego inocente, o como quien  no quiere la cosa o sí pero hace como que no no. O todo lo contrario, sabiendo lo que no quiere y fingiendo destilar ambrosía de amor y placer. Luego están los sinceros en el error. Los que verdaderamente se creen que lo que hace está bien, justificado. El caso es que sea como sea siempre suele haber heridos. Y así son muchas veces los principios. También en el cine.

Sobre los rostros que aun con ojos no saben mirarse

Me parece terrible que sea más importante que mirar el ser visto. En el sentido de ser capaces de dejar de lado la verdad para introducirnos en un espectáculo de apariencias en el que la realidad se ha vuelto un concurso de fuegos artificiales y lentejuelas, en una llamada de atención que avergonzaría hasta a un pavo real. Donde al final nadie sabe quién es, solo sabe el rol que representa el otro (ni siquiera quién es realmente el otro). Y eso es tan excéntricamente absurdo como ducharse con paraguas, nadar en una bañera de un metro de largo y medio de ancho o incluso ahogarse en un vaso de agua. Todo queda en una exageración y en una pantomima por falta de verdaderos dilemas. Solo digo una cosa: Van a salirnos más caras las máscaras...

viernes, 25 de abril de 2014

Verde vértigo


"El mal no vence como seducción, sino como vértigo". (Nicolás Gómez Dávila)

Distinguir entre verdad y mentira no siempre es fácil. Y como esta última esta ganando terreno en los últimos tiempos, la gente anda sobrecogida y desconfiada. Y ya lo decía Shakespeare, que para algo sabía como pocos sobre la dimensión humana: "Cuan bella faz ostenta la mentira". Miremos hacia el retrato de Dorian Gray o los lujos del señor Gatsby. Y lo cierto es que el tío Ethan podía haber sido un perfecto cretino. Pero donde no hay muchas certezas, a veces para estar vivo quizás solo quepa confiar. Pero todo pende en torno a un vértigo que está en el limbo que separa las luces y  las sombras. Y la verdad es que pocos se atreven a saber. Estamos todos muy cómodos en nuestra ignorancia, muy seguros sin sabuesear detrás de la verdad. Y así estamos todos, verdes. Pero no verdes de mimetizarnos con el Amazonas o de rezumar esperanza. No. Verdes del vértigo.





Ea dga lk ~elje jkdk zemujjfúl! zflk jkdk ~ær}fik—,
Lfjkaçz Iúde Mç~fag
‑]kmg sgzfúl lkjf~g g}rge jkdk ea gbfzdk! skr ea ~ær}fik—,
 Gdfea! 2: me dgvk 7055

miércoles, 23 de abril de 2014

Dolores y paraguas

Es verdad que uno después de ver Los paraguas de Cherburgo uno se siente tan bien como mal. Con la sensación de haber tenido la belleza y el amor tan cerca de sus ojos como lejos de su alcance. Ciertamente, también parece que esto le habla más a uno del mundo real, del pan duro de cada día, y no desde el elevado pedestal de los romances de ensueño del celuloide hollywoodiense. Y esto a uno lo desola y lo deja a su suerte con su dolor. Y como principal sufriente de la historia. Con sus percepciones y asociaciones. Con sus recuerdos.

Lo cierto es que hay trenes que quizás no deberíamos coger. Porque la verdad es que ellos se querían, y cuando la gente se quiere de verdad, debería intentar no negar ese sentimiento, ni descarrilarse por la vía de lo seguro y de lo cómodo. "El tiempo no cura, las paredes no tapan", diría algún personaje de Lorca. Pero ya se sabe que hay gente que prefiere no mojarse, y saca los paraguas sentimentales cuando simplemente chispea, algunos incluso cuando aún hace sol. Quizás Holliwood sea más idílico. Pero también parece (algunas veces en algún sentido, quizá el moral) algo más santo, y sin renunciar al dolor. A pesar de que se pase por el forro lo que digan los libros, ya no los manuales de estilo, sino los que inspiran las películas. Pero no voy a mentir, a mí me gusta más este final que el de Capote, aunque como original y como buen final tiene todo su encanto. Pero quizás el del cine responde más a la verdad del meant to be. Y si sale Audrey Hepburn, y un gato que maulle como quizás haríamos algunos de nosotros, mejor que mejor.

Fotograma: Desayuno con Diamantes


martes, 22 de abril de 2014

La razón sin sueños aún crea más monstruos (a propósito del Espíritu de la Colmena)

Hay cosas que solo puede descifrar un niño. O alguien con su mirada. Porque hay situaciones que están por encima de la ciencia, y de la lógica y de la deducción y más cerca de los milagros que de ser un disparate.
Hace no mucho -en una publicación de cuyo nombre no consigo acordarme- leí que Scooby- Doo nos enseña que los peores monstruos son las personas. Y quiero matizar. Las personas son tan terribles como maravillosas. Y los peores monstruos son sus miedos y sus prejuicios. Por eso la inocencia, limpiarse la mirada, es un requisito. Porque un hiperdesarrollo de la intelectualidad y de la razón solo va a traernos una soberbia impenetrable y muchos disgustos. Y entrados en ese terreno, a veces no hay imaginación ni sensata insentatez que a uno lo salve.

A propósito de Nietzsche y la caballística de los gitanos

Nietzsche empezó a ensimismarse y a perder la chaveta. Pero como leí que pensaba Sergio Marín (@__Smarin): “Nietzsche cae, pero incluso en su caída es más digo de mirar a los ojos a muchos que dicen tenerse en pie”. Y ese gesto sensible (aunque quizás exacerbado) de lanzarse al cuello de un caballo que está siendo latigado, lo demuestra. Y no es de extrañar tener esa empatúa por los animales cuando no se tiene por el ser humano.


Lo cierto es que la sociedad tiene conductas tan masificadas como horribles. Pero incluso ahí, hay que reconocer una verdad: Los gitanos (benditos festivaleros) siempre son otra cosa. Quizás la excepción que confirma la regla. Quizás el canto a la libertad que todos necesitamos. Pero en cualquier caso, (aún cuando son mangantes y trapicheros) una ruptura encantadora. Porque muchas veces son mucho más libres (en el buen sentido) que nosotros, como caballos salvajes que trotran con el viento. Casi seguro que si el filósofo alemán hubiera encontrado más liados en ellos que en sus letras, le hubieran sacado sacado de su soledad hasta cultivarse en la danza de la rumba. Opino que posiblemente, si hubiera dado con los adecuados, ellos lo hubieran llevado en un galope al mundo de la alegría y de la música, que él tanto ensalzaba (después de todo incluso llegó a ser compositor). Y como la mayoría son evangelistas, quizás incluso le hubieran devuelto la confianza en Dios. Y es que el bueno de Friederich no estaba en esto equivocado. Sí, Dios ha muerto. Eso es algo que posiblemente los feligreses que no confían verdaderamente en la omnipotencia le ayudaron a recontrarreconfirmar esta idea. Porque no nos damos cuenta, pero muchas veces los peores monstruos si no los creamos nosotros, se crean con nuestra ayuda. Pero en fin, nadie consiguió convencerle de que Jesucristo resucitado. Y al margen de eso, sigo pensando: una pena no haberse arrimado lo suficiente a los gitanos. Seguro que hubiera ladrado, maullado, y hasta relinchado.



Underwater dancers

"Hay algo misterioso en estos peces que no alcanzo a comprender... Y me hablan de mi vida... de movimiento, de luz y oscuridad, de silencios... Solamente querían volver a la orilla". (Miguel López Tabar)



Y la prueba de que un animal es explosión de vida y belleza es la inspiración que genera en los artistas. Además, creo que tiene un encanto especial recrear a voluntad un animal, y como creadores, hacerlo en parte a nuestra imagen y semejanza. Quizás a algunas personas no vendría mal humanizarlas, pero claro, no es lo mismo. Y si ya de por sí a veces los animales parecen ser más humanos que nosotros (en el sentido de demostrar afecto) ¿que no hace el celuloide de ellos? ¿Cómo no sentirse identificado? Porque ay, hacer lo que quieres con un animal y hacerlo bien... Pocas veces, y  algunas de las más impresionantes, seguramente, en el cine.




lunes, 21 de abril de 2014

Dicen que (balt)azar es el nombre que Dios usa cuando no quiere firmar

Lo cierto es que, conscientes o no de la muerte, los animales están más vivos que nosotros. Los animales no se preocupan por el que dirán, ni fingen cariño. Si a un perro no le gustas se acabó. No va a dorarte la píldora con falsos acercamientos. Los animales simplemente son.  Son instinto puro y belleza estética (en sus pelajes, en su saber estar, en su movimiento), y a veces caos y violencia, pero incluso aquí existe en ellos una mágica pureza, una sinceridad impenetrable en su modo de existir.

Lo cierto es que hay algo en la inocencia Baltazar que me sobrepasa. Y de algún modo es una nueva manifestación de Dios, un neomartir que lleva toda la película sufriendo una pasión. Y en su desplome no veo más que una criatura rezumando belleza en su dolor y en su ausencia. Y todo esto, digo yo, deberíamos tenerlo en cuenta.

https://www.youtube.com/watch?v=XjmcrUsz3uU

La muerte en vida o una historia verdadera

Fotograma de 'The straigh story'


Posiblemente al ser humano no le iría como le va si fuera algo más consciente de la muerte. La teme, la sufre en cuerpo ajeno, algunos incluso la esperan. Pero pocos la respetan como auténticos damas y caballeros: esperando su llegada con la vida entre las manos, intentando aprovecharla en cada momento. La única forma de demostrar ser realmente consciente de esta limitación existencial y sacarle partido es abrazando el milagro de ser. El resto es desgaste, pobreza de espíritu, palabrería. Vale más un hombre que viaja en tractor para hacer las paces que ciento besando a la muerte, jugando a ese amor cortés y romántico donde nadie se ama, donde nadie se tiene realmente. Solo se diluyen mutuamente hasta no distinguirse, hasta confundirse. Sin ser, un uno con ella, pero tampoco un uno con ellos mismos, porque no se atreven a vivir. Complicándolo todo, intentando retorcer lo que podría ser recto, y en el fondo retrasando el dolor que de un modo u otro, es inevitable.



"El ego teme que, si reconocemos la presencia de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida, en nuestra existencia no podamos volver a ser felices nunca más. ¿Acaso hemos sido siempre absolutamente felices? No. Pero el ego subdesarrolado es tan simple como un niño no socializado, y encima, no excesivamente despreocupado; es más bien como un niño que anda vigilando constantemente para llevarse la loncha más grande, la cama más mullida, el amante más guapo [...] Es necesario un corazón dispuesto a morir y nacer y volver a morir y a nacer una y otra vez [...] rodando con lo aspero y resbalando con lo suave".

                                          Fragmento de Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés





domingo, 20 de abril de 2014

Johnny Guitar is a tramp

Voy a desviarme un poco del tema. O mejor dicho, voy a seguir en él haciendo una subtrama. Empezaré hablando de la voz que está tras la banda sonora, la de Peggy Lee, que es quien ha sido el comienzo de la evocación de todo lo que sigue. Siempre que pienso en ella no puedo evitar acordarme de esto:


Me parece un making off magistral. Divertido, desenfadado y cómplice a la par que elegante y sofisticado. Con sus humanos haciendo guau, woff, y otras onomatopeyas caninas. ¡Vete a saber si no estaban pensando en algo que les impresionara! La verdad es que yo con ese trabajo, esa cantante y esos estudios cinematográficos yo ya estaría hablando en todas las lenguas del reino animal. 

 Además de que tiene el encanto de formar parte de una película tan eterna como entrañable, como todo el ambiente que la envuelve. Desde los coros del principio (diría que mucho mejores en inglés); pasando  por el letrero de post créditos de introducción que dice así: "In the whole story of the world there is but one thing that money can not buy... to wit - the wag of a dog's tail", según afirma un tal Josh Billings. Sumémosle a este comienzo toda la delicadeza y simpatía de sus personajes y el ambiente romántico que envuelve el cortejo.

Y el caso es que si sigo pensando hay más cosas que no son Peggy Lee que me retrotraen a Johnny Guitar. Por ejemplo, el enfado de 'Reinita' con su galán vagabundo. De manera muy libre, lo he asociado con esta frase de Johnny: "Una vez te quise. Los hombres se enorgullecen siempre de lo que han amado, y no soportan su decadencia". Ella no soporta el descuido de él, no soporta en ese sentido su degradación. Es posible que lo único explícito que tenga que ver La dama y el vagabundo con un western sea el concepto de espaguetti, pero ¿y qué?. 

Y como en los verdaderos romances donde el amor está por encima del orgullo y de los problemas, vuelve el calor de la llama.Vienna le dice a Johhny: "Cuando un fuego se apaga, solo quedan cenizas". Y eso es verdad. Pero cuando esto sucede, hay que observarlas bien, si esas cenizas no son las de un fénix. Si son más que las de un miércoles de cuaresma, el anticipo del domingo de Semana Santa.

sábado, 19 de abril de 2014

La palabras, el nominalismo y los poetas

Suena a cuento. Pero lo que ocurre en Ordet pasa de algún modo todos los días. Cuando desconfiamos de alguien por sus pintas por, por ejemplo, no aparentar la belleza exterior estipulada. Por decirnos algo que supera nuestra fe o quizás a nosotros mismos, de tal modo que golpea nuestro ego hasta remarcarnos nuestra mediocre autodefinición. Hiriendo así nuestro yo, que sufre de irreconocible inferioridad que hay que enterrar con el convencimiento propio -y a ser posible de los demás- de la chaladura de quien propone aquello que nos atormenta por dejarnos en evidencia.

Dicen por ahí que "los que dicen que no se puede no deberían interrumpir a los que lo están intentando". Y quien tiene auténtica fe (la que demuestra que obras son amores) estas cosas las sabe, porque se da a la confianza del Supremo. Como lo sabía Jennie, como terminó por convencerse el pintor. Como él, consiguió hacerse preguntar a quien veía los retratos de su amada si ella realmente existió. Como quien lee acerca de los milagros y la resurrección. Cuestión de fe, pero de fe en la inmensidad de la belleza. Aquí por fin alguien entiende que, ese tipo de cosas que sobrepasan, no pueden ser sino verdad.

En sectores nominales de la iglesia protestante (en situación seguramente no menos que el tradicionalismo de algunos que dicen ser católicos faltos de convicción, pero arrastrados por la costumbre y las miradas ajenas) esta confianza se diluye, incluso cambia de estado hasta disiparse. La película lo resume muy bien: "People believe in the death Christ but not in the leaving". Como si hubiéramos aprendido bastante poco de la incredulidad de St. Tomás.

Algunos no lo saben, pero uno de los grandes hombres del siglo pasado, Mahatma Gandhi, una vez quiso convertirse al cristianismo. Pero los que decían creen en el Evangelio no le recibieron muy bien y no tuvieron mejor idea que mandarle a una iglesia de hindúes. El desencanto de Gandhi tuvo que ser brutal. "Me gusta vuestro Cristo, pero no vuestros cristianos", solía decir. Y le admiraba profundamente y su filosofía es claramente una reinterpretación del cristianismo. Pero con experiencias como esta, no es de extrañar que la gente quiera saber bastante poco de la iglesia. Porque algunos se hinchan  la boca hablando de Dios y se recrean en la soberbia y en la superioridad moral, aparentemente orgullosos por el simple hecho de decir que son algo que ni siquiera saben practicar. La sociedad lo demanda, mucho ruído y pocas nueces. Y la Biblia lo exalta: "La fe sin obras está muerte", o como se dice en Santiago 2:14-26, "también los demonios creen, y tiemblan" (y claro, no dejan de ser demonios) . 

Y como la religiosidad muchas veces poco tiene que ver con la verdadera espiritualidad, los poetas quizás no siempre sean coherentes, pero comunicando suelen dar más en el blanco. Gracias a Machado y a la reinterpretación de Serrat, que si acaso (como todos) no siempre supieron actuar, sí creo que predicaron explícitamente y consiguieron transmitir el éxito de la cruz vacía, del milagro, y en definitiva, de la vida.

". 

El guau y el miau a propósito de Jennie

Diría que toda la película es un acto de fe. Desde la confianza de la dueña del estudio hasta el hecho de que la existencia de Jennie vaya más allá del reino de la ilusión y los sueños. Y como ese leve misterio es algo que se comparte con el espectador, también en su desvelamiento se nos hace partícipes, dando pruebas factibles, para que nos quedemos todos tranquilos y confiados.

Y yo a todo eso le digo 'guau'. Y creo que haría ladrar hasta a un gato. O como mínimo le sacaría el mejor de sus maullidos. Una vez escuché decir a una fotógrafa de Jot Down, Guadalupe de la Vallina, que "cuando algo te asombra, es porque tiene algo para ti".
Ilustración de Liniers
Bien, pues de entre todo, yo rescato especialmente lo siguiente. Es decir, ladro, maúllo, hago el pino y lo que haga falta ante esto: "No sé que esperaba encontrar en el convento. Solo sabía que era allí dónde Jennie había hayado alguna verdad. Fue allí donde me dijo 'creo que Dios lo sabe todo'. Por primera vez desde la última vez que le vi sentí que no estaba solo. Que el mundo, Jennie y yo éramos la misma cosa, aunque hubiéramos perdido el rumbo por un tiempo. El ayer volvería a surgir entre nosotros. Habíamos encontrado la belleza juntos y nunca la perderíamos".

miércoles, 19 de marzo de 2014

Paris-Texas, la modernidad y lo perdurable

Lo ideal sería que algo roto se arreglara instantáneamente, como quien chasquea los dedos y enciende una lámpara, quien coge la de Aladino y frota hasta que invoca al genio o quien toca una campanilla y reúne varios sirvientes a su lado. Pero la modernidad no ha movido con el mismo tesón los hilos de la tecnología que los del perdón o la capacidad de reestructuración psicológica. Pronto (a veces por suerte no), cambiamos de coche, de lavadora, de ropa. Casi con la misma esquizofrenia con que se cambia de pareja, de amigos, o de lo que verdaderamente se cambia cuando se hace esto de modo demasiado frenético: de volubles y egoístas intereses. Pero cuando algo se ha instalado en las entrañas, para bien o para mal no podemos cambiar de corazón.


En esto García Lorca fue certero. En el que es posiblemente uno de los mejores pasaje de Bodas de sangre, se dice: "Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada, sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros no hay quien las arranque!"
Fotograma de Paris-Texas


Pero lo clásico así se llama porque nunca muere. Y la modernidad no podía destrozar la figura del tío Ethan. Alguien que llega, hace su papel, y se va. Y seguimos sin saber muy bien que pasa después, en cuanto a la propia trama principal se refiere. El final es abiero e incierto. Lo verdad es que todo ha sido menos París (el francés, el del romanticismo, ese que sale en las postales) que Texas. Pero en realidad quizás no todo haya terminado (no lo parece). Y a pesar de la rotura, la esperanza sigue latiendo, como sobreviven, como he dicho anteriormente en otras palabras, esas cosas que se cuelan en los adentros.






lunes, 10 de marzo de 2014

Thanks and ride away, tío Ethan



Es posible que el tío Ethan tenga un pasado oscuro, y no sea el hombre más agradable del mundo. Pero, ¿no es de una ternura y admiración absoluta alguien que llega, cumple su papel, y finalmente, cuando se asegura de que todo está en su sitio, desaparece? (En el fondo, la canción explica su papel y su por qué). Porque así es la belleza. No está solo en lo inmaculado. Puede estar en cualquier lado, y por suerte, no es de nadie.

sábado, 1 de marzo de 2014

No hace falta ir al Kilimanjaro

"A thing of beauty is a joy forever". (John Keats)

Ni a la ruta Quetzal, ni al Ártico, ni a la muralla China, ni a la Patagonia, ni al Taj Mahal. Algunos viajes transgreden los límites de lo físico porque son mucho más. Hay gente que viaja al quinto anillo de Saturno sin moverse del sofá, o al París de los 50 mientras pasa la mopa, o a la boda de sus sueños mientras va camino de la casa de su abuela. Porque hay cosas externas que sin ser ser una de las siete maravillas del mundo nos consiguen enmarcar en un viaje interior. Como por arte de magia, espontáneamente, como si hubiera un resorte secreto en nuestras entrañas que se activa con ciertas situaciones que suceden en el mundo. Y ese periplo puede ser como el descenso de Dante al infierno o las Ítacas de Homero, o como el 'Ticket to heaven' que cantaban los Dire Straits. Puede ser durar lo que el 'moment in paradise' que tarareaba la ELO o los '19 días y 500 noches' que contaba el genio Sabina. Porque el mundo interior es personal e intransferible, y como las personas, es complejo, recóndito y en cierto modo ignoto, tanto o más como el mundo de ahí fuera. Si no es acaso, su pseudoextirpado siamés, su extraño gemelo. O algún tipo de reminiscencia o reflejo. Y a pesar de sus diferencias, muchas veces, con voluntad y una mirada limpia, entre ambos dos se llega a armonía y entendimiento. Lo mismo entre dos universos interiores que se chocan o que se acarician. Y así es como he sentido yo algunas de estas películas, a veces como un agradable contacto, otras como un golpe. Porque a veces algo se me rompía dentro y originaba algo nuevo, se abría un novedoso resquicio de consciencia. Siempre un viaje, hacia todo lo que no soy yo pero hacia todo lo que me afecta. Porque no hace falta más, ya lo decía Sabina, "Ligero de equipaje [...] mi corazón de viaje". Cojo lo que necesito, se queda conmigo, sin plazos, lo que realmente me hace falta.

Lluvia, vapor y velocidad , William Turner