Lo cierto es que, conscientes o no de la muerte, los animales están más vivos que nosotros. Los animales no se preocupan por el que dirán, ni fingen cariño. Si a un perro no le gustas se acabó. No va a dorarte la píldora con falsos acercamientos. Los animales simplemente son. Son instinto puro y belleza estética (en sus pelajes, en su saber estar, en su movimiento), y a veces caos y violencia, pero incluso aquí existe en ellos una mágica pureza, una sinceridad impenetrable en su modo de existir.
Lo cierto es que hay algo en la inocencia Baltazar que me sobrepasa. Y de algún modo es una nueva manifestación de Dios, un neomartir que lleva toda la película sufriendo una pasión. Y en su desplome no veo más que una criatura rezumando belleza en su dolor y en su ausencia. Y todo esto, digo yo, deberíamos tenerlo en cuenta.
https://www.youtube.com/watch?v=XjmcrUsz3uU
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