sábado, 19 de abril de 2014

La palabras, el nominalismo y los poetas

Suena a cuento. Pero lo que ocurre en Ordet pasa de algún modo todos los días. Cuando desconfiamos de alguien por sus pintas por, por ejemplo, no aparentar la belleza exterior estipulada. Por decirnos algo que supera nuestra fe o quizás a nosotros mismos, de tal modo que golpea nuestro ego hasta remarcarnos nuestra mediocre autodefinición. Hiriendo así nuestro yo, que sufre de irreconocible inferioridad que hay que enterrar con el convencimiento propio -y a ser posible de los demás- de la chaladura de quien propone aquello que nos atormenta por dejarnos en evidencia.

Dicen por ahí que "los que dicen que no se puede no deberían interrumpir a los que lo están intentando". Y quien tiene auténtica fe (la que demuestra que obras son amores) estas cosas las sabe, porque se da a la confianza del Supremo. Como lo sabía Jennie, como terminó por convencerse el pintor. Como él, consiguió hacerse preguntar a quien veía los retratos de su amada si ella realmente existió. Como quien lee acerca de los milagros y la resurrección. Cuestión de fe, pero de fe en la inmensidad de la belleza. Aquí por fin alguien entiende que, ese tipo de cosas que sobrepasan, no pueden ser sino verdad.

En sectores nominales de la iglesia protestante (en situación seguramente no menos que el tradicionalismo de algunos que dicen ser católicos faltos de convicción, pero arrastrados por la costumbre y las miradas ajenas) esta confianza se diluye, incluso cambia de estado hasta disiparse. La película lo resume muy bien: "People believe in the death Christ but not in the leaving". Como si hubiéramos aprendido bastante poco de la incredulidad de St. Tomás.

Algunos no lo saben, pero uno de los grandes hombres del siglo pasado, Mahatma Gandhi, una vez quiso convertirse al cristianismo. Pero los que decían creen en el Evangelio no le recibieron muy bien y no tuvieron mejor idea que mandarle a una iglesia de hindúes. El desencanto de Gandhi tuvo que ser brutal. "Me gusta vuestro Cristo, pero no vuestros cristianos", solía decir. Y le admiraba profundamente y su filosofía es claramente una reinterpretación del cristianismo. Pero con experiencias como esta, no es de extrañar que la gente quiera saber bastante poco de la iglesia. Porque algunos se hinchan  la boca hablando de Dios y se recrean en la soberbia y en la superioridad moral, aparentemente orgullosos por el simple hecho de decir que son algo que ni siquiera saben practicar. La sociedad lo demanda, mucho ruído y pocas nueces. Y la Biblia lo exalta: "La fe sin obras está muerte", o como se dice en Santiago 2:14-26, "también los demonios creen, y tiemblan" (y claro, no dejan de ser demonios) . 

Y como la religiosidad muchas veces poco tiene que ver con la verdadera espiritualidad, los poetas quizás no siempre sean coherentes, pero comunicando suelen dar más en el blanco. Gracias a Machado y a la reinterpretación de Serrat, que si acaso (como todos) no siempre supieron actuar, sí creo que predicaron explícitamente y consiguieron transmitir el éxito de la cruz vacía, del milagro, y en definitiva, de la vida.

". 

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