Me parece terrible que sea más importante que mirar el ser visto. En el sentido de ser capaces de dejar de lado la verdad para introducirnos en un espectáculo de apariencias en el que la realidad se ha vuelto un concurso de fuegos artificiales y lentejuelas, en una llamada de atención que avergonzaría hasta a un pavo real. Donde al final nadie sabe quién es, solo sabe el rol que representa el otro (ni siquiera quién es realmente el otro). Y eso es tan excéntricamente absurdo como ducharse con paraguas, nadar en una bañera de un metro de largo y medio de ancho o incluso ahogarse en un vaso de agua. Todo queda en una exageración y en una pantomima por falta de verdaderos dilemas. Solo digo una cosa: Van a salirnos más caras las máscaras...
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